Callejuela Manzanilla fina

7.40 

La Manzanilla es un vino blanco y seco, elaborado con uva palomino y envejecido bajo una capa de levaduras llamada velo de flor. Su crianza sólo se puede llevar a cabo en bodegas de Sanlúcar de Barrameda. Las especiales condiciones climáticas de esta ciudad, situada en la desembocadura del río Guadalquivir, propician el desarrollo de un velo de flor muy peculiar. Adquiriendo el vino características particulares y diferenciadoras.

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Descripción

Bodegas Callejuela

D.O. Sanlúcar

Palomino Fino
3 años de crianza.
Ficha de cata
Color amarillo pajizo muy pálido.
Aromas de almendras, cítricos, bollería y lavanda.
Muy seco, buena amplitud, postgusto largo.
Se trata de vinos procedentes de mostos de la variedad palomino, obtenidos mediante presiones suaves y sometidos a fermentación completa.
Es ideal como aperitivo y acompañamiento a todo tipo de tapas, especialmente para todo tipo de sabores que provengan del mar, como mariscos y pescados. También combina a la perfección con los alimentos que tengan ciertos toques salinos (embutidos, salazones), así como con platos que contengan vinagre (ensaladas, adobos, marinados, sopas frías, etc). Quesos, postres, pescados y mariscos, caza, carnes, aves, ensaladas y verduras, sopas y guisos, picante.

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EL MAYETO EN EL PASADO

“Tenían crédito en cualquier tienda y en la época era un orgullo llegar a los puntos de encuentro con los botos llenos de albariza” relata Pepe Blanco.

Quizás las nuevas generaciones no reconozcan las palabras Mayeto o Mayeta pero seguro que en sus antepasados encontrarían más de uno.

Personas de campo, llanas y con un gran conocimiento de la vid y todas sus labores. Contar con viña, lagar propio y bodega, habitualmente pequeña, eran los requisitos para ser Mayeto y encontrarse en el escalón más alto de la desaparecida clase media.

 

Tres generaciones de mayetos marcan el origen y destino de Callejuela. En 1980, Francisco Blanco Martínez, padre de los actuales gerentes, comenzaba con su pequeña bodega tras más de 20 años de jornalero en distintos campos de viña. Situada en el centro del Barrio Alto sanluqueño, en la calle Caño Dorado, destinaba casi la totalidad de su producción a la venta de vino a otras bodegas. Como buen creador y previsor, desde el primer día comenzó a crear los orígenes de la actual Callejuela. En la década de los 80 son varias las viñas que adquiere; 5 hectáreas en el Hornillo, otras tantas en Macharnudo, la Añina en la finca Las Mercedes de Jerez o la Casilla entre otras. Más de 28 hectáreas entre Sanlúcar, Jerez y El Puerto.

En 1997 se trasladan al pago el Hornillo, una de las zonas más altas de la ciudad desde donde se divisa una de las estampas más singulares de la zona. Un mirador ante el Guadalquivir y los distintos pagos de viña del marco. Allí dos cascos de bodega, a una y dos aguas, completan el proceso productivo completo. Junto al lagar, embotellado, viñas y la casilla conforman un trozo de la más auténtica y vitivinícola Sanlúcar.

La tercera generación de los Blanquitos toman las riendas de las viñas y bodegas en 1998 creando entonces la marca Callejuela. Muchos son los pasos que estos mayetos toman enfrentándose a cambios en el Marco y el mercado pero manteniendo siempre su esencia, el trabajo en la viña. En 2005 embotellan las primeras botellas de Manzanilla, hasta la fecha todo era a granel. Y 2015 es un año importante al renovar su imagen y lanzar por primera vez una pequeña colección de vinos nunca antes mostrados. Quinario, El Cerro, Blanquito o La Casilla, sus vinos viejos, acompañan a la gama Callejuela.

Hasta 2015 todas las cepas pertenecientes a Callejuela eran de la variedad palomino. En 2015 se ha empezado con la planta de la variedad Pedro Ximénez, que en 2017 dará su primera producción y años más tarde permitirá que el 100% de sus vinos sean de sus viñas (el PX es el único que no lo es aún). El trabajo en el campo es su clave cuidando con esmero sus vides y apostando por variedades casi extintas que dan una gran singularidad a sus vinos.

La clave de un buen vino es el campo. La cepa y la tierra. La tierra es capaz de determinar que vino tendremos. De darnos unos matices únicos y que no podremos conseguir ni con un sus pagos de interior de Añina y Macharnudo (Jerez) o más cercanos al río Guadalquivir del Hornillo y la Callejuela (Sanlúcar). Dos mostos criados en la misma bodega, de la misma forma y de distintos pagos ¿te atreves?

Un buen vino es el fruto de un trabajo bien hecho en el campo. Más de 60 años mimando las mismas tierras, recorriendo los cerros de Hornillos o La Casilla, con el único objetivo de ser respetuoso con su viña y su Marco de Jerez.

Meses de duro trabajo de abonado, castra, injertos o vendimia buscando la satisfacción de nuestro cliente al consumir nuestros vinos.

Estamos seguros de que la calidad y diferenciación del producto final está en la cepa, en la limpieza de la viña, en la preparación de la vendimia…

 

Brisa limpia y directa del Guadalquivir que junto al trabajo en el campo y el de su enólogo, Ramiro Ibañez, facilita la labor de producción tanto en las botas oxidativas como en las biológicas.

Unas 700 botas (200 oxidativas y 500 biológicas), el lagar y la embotelladora conforman nuestras humildes bodegas.

Vinos sencillos y puros. “Solo buscamos que gusten, que hagan pasar un buen rato”, comenta Paco Blanco. “Hay un vino para cada momento, o mejor dicho para cada buen momento. Bajo producción propia disponemos de toda la gama proveniente de la uva palomino, completada con el PX que amoldamos en nuestras instalaciones.” añade.

 

Destacable

Te invitan a conocer su trabajo.

Septiembre: Comienza la vendimia y a su vez el año para los mayetos.

Octubre y Noviembre: Abonado y aserpiado de los cerros de la viña.

Diciembre: Con el frio llega el mes de la poda.

Enero: La entrada del nuevo año se convierte en un trabajo intenso de limpieza del trabajo realizado anteriormente.

Febrero: Injerción de espigas.

Marzo: Llega el momento de arar el campo.

Abril y Mayo: Meses donde la castra y sus faenas son las protagonistas.

Junio: Recogida de leña.

Julio: Se aproxima la vendimia y toca hacer las últimas labores para que el campo esté listo para esta. Ya el trabajo está hecho y queda recoger el fruto.

Agosto: Mes de preparar maquinaria, personal y el lagar para recibir la uva de la vendimia.